El cuerpo

Ejercicios para conocernos mejor

Ejercicios para conocernos mejor

Muchos problemas sexuales pueden resolverse sabiendo más sobre una misma, explorándonos, conociéndonos y descubriendo solas cómo funcionamos y qué necesitamos para despertar la respuesta sexual. Por otro lado es imprescindible el diálogo, simplemente atreverse a conversar sobre sexo con la persona con la que hacemos el amor. Y en tercer lugar es importante poder enseñar, guiar al otro y ofrecerle conocimiento sobre la manera particular que despierta mi placer mas íntimo.

Autoestimulación

Conocer las partes sensitivas de nuestros genitales significa aprender todo lo relacionado con nuestras preferencias individuales. Para ello la primera tarea será encontrar un lugar cómodo y un tiempo para estar a solas. Me desnudo por completo y comienzo a explorarme. Me miro con un espejo mientras tomo contacto con mi cuerpo. Miro con atención mi vulva, abro mis labios mayores y miro los labios menores, mi clítoris; observo cada forma, cada textura. Intento conocer todo mi cuerpo a través del tacto.

Luego, usando algún lubricante (aceite de bebes, lubricante vaginal o crema neutra ) comenzamos a acariciarnos lentamente, concentrándonos en el placer que esto produce. Acariciamos los senos, los muslos y lentamente comenzamos a incluir los genitales en esta búsqueda de sensaciones agradables Con movimientos suaves pero precisos acaricio los labios mayores, los menores, el pubis y con mi dedo índice comienzo a masajear suavemente la región del clítoris. Esta es una zona muy sensible. Busquemos los toques y caricias mas placenteros, mas sensuales. Nuestro objetivo por el momento no es lograr el orgasmo sino obtener el máximo de placer, con plena libertad para disfrutarlo. Si lo logramos, habremos dado un gran paso adelante.

Es probable que en el transcurso de este ejercicio comencemos a sentir palpitaciones, flujos de calor o estremecimientos, contracciones involuntarias de los músculos vaginales y una extraordinaria sensación de bienestar; entonces habremos alcanzado el orgasmo.

Pero es difícil que nos excitemos si pensamientos distractivos ocupan nuestra cabeza. Para contrarrestarlos usemos las fantasías sexuales. Estas pueden ser imágenes, como en un sueño; largas escenas imaginarias con argumento. No hay un tipo de fantasías que sea “buena” o “mala”, “normal” o “anormal”. Las fantasías son como los sueños, diferentes en cada persona y muy variadas. Tratemos entonces de concentrarnos y formar en nuestra mente alguna imagen o escena que nos resulte muy excitante. Quizá nuestra fantasía será el recuerdo de una escena sexual que hemos vivido, o algo que siempre quisimos hacer y nunca nos animamos.

Aunemos nuestras sensaciones placenteras con este pensamiento sexual para lograr un nivel más alto de excitación. Iremos probando nuevos recursos hasta encontrar los más adecuados. La única clave es lograr el máximo de placer posible. Podemos cambiar lo que hacemos, la manera en que nos estimulamos hasta encontrar la mas placentera. Puede suceder que luego de un tiempo la misma caricia no resulte igualmente excitante, entonces conviene buscar otras. Las sensaciones del cuerpo y el placer que vamos sintiendo son la mejor guía.

No es fácil encarar la tarea de conocerse a sí misma sexualmente y en el proceso aparecerán dificultades; algunas incluso pueden determinar que debamos interrumpirlo por alguna causa y luego volver a empezar. Puede aparecer vergüenza o culpa por estar dedicando un tiempo a las “tareas sexuales”. Todas hemos pasado por experiencias infantiles que aunque ya no recordemos, siguen influenciando sobre la manera en que percibimos el sexo. Hay tabúes y prohibiciones que marcan lo permitido y lo que no lo está. Es probable que la estimulación producida por uno misma, esté en la categoría de prohibido. Vale la pena intentar nuevamente, cada vez que estas cosas aparecen y recordar que el objetivo final, el placer en la sexualidad, es muy importante de lograr.

Conversando

Intento ahora que soy experta de mi cuerpo compartir la información con mi compañero. No hay mejor manera de comunicarnos con el otro que sabiendo quiénes somos y cuál es nuestra manera de sentir. Pero aprender a gozar de a dos requiere también de un proceso de aprendizaje, quizá más complejo porque son dos las personas involucradas, y hay que armonizar las diferentes necesidades, gustos y tiempos.

Vamos a conversar sobre nuestra sexualidad con él, invitándolo a cambiar algunas formas de nuestra relación habitual. Para ello es importante disponer de un tiempo juntos y de ser totalmente sinceras con él para contarle qué nos gusta y qué no, cuándo nos sentimos mejor, qué cosas nos desagradan. Luego él hará lo mismo y nosotras escucharemos atentamente. Tratemos de preguntarnos todo lo que necesitamos saber. Después tal vez sea preferible darnos un tiempo para meditar y madurar todo lo que hemos aprendido en esta conversación.

Ejercicio de 10 minutos

Yo y él nos sentamos en un café antes de ir al cine. Nos proponemos un diálogo distinto. Cada uno tiene cinco minutos para hablar sin ser interrumpido. El tema es ¿qué prefiero sexualmente?. Tiramos la moneda, sacamos turno, escuchamos y somos escuchadas. Interrumpimos la conversación y si queremos, la retomamos a la salida del cine. La idea es que cada uno pueda hablar de sí mismo sin interrupciones, y escuchar para redescubrir al otro.

Consultando

Si bien algunos problemas pueden ser resueltos a través de un mejor conocimiento de una misma y del diálogo con el otro, a veces es importante recurrir a un especialista para resolverlos. Aquí el profesional de elección es el sexólogo si el problema es estrictamente sexual y el terapeuta de pareja si el problema es vincular. Muchas veces las mujeres nos sentimos mas cómodas consultando con otra mujer. Y en realidad las profesionales mujeres tienen no solo conocimiento científico sino personal sobre la problemática femenina.

El mapa del cuerpo

El mapa del cuerpo

Nuestros cuerpos tienen zonas neutras y zonas muy sensibles, las zonas erógenas. Lugares especiales donde las caricias producen sensaciones únicas. No se trata de puntos arbitrarios: coinciden con aquéllos donde se concentra gran cantidad de terminaciones nerviosas, lugares que responden ante una estimulación adecuada y su inervación les concede una especial sensibilidad.

La punta de los pezones y el clítoris en la anatomía femenina y el pene e incluso las tetillas en la masculina entran dentro de esa clasificación. Son zonas aceptadas como eminentemente erógenas. Todos podemos enumerar también las llamadas zonas secundarias, como el cuello, el centro de la espalda, las orejas, la garganta, los labios, la parte anterior de las piernas, la cola.

¿Toda estimulación de los pechos femeninos será entonces placentera?. A veces no. Una diferencia de milímetros, una presión excesiva, o simplemente una falta de predisposición de la receptora, modifican la respuesta. Además de las terminaciones nerviosas existentes e iguales para todos, está la historia individual de las zonas erógenas, un descubrimiento necesario que cada amante debe realizar sobre el mapa de su compañero/a. Una travesía a veces por caminos cerrados o dormidos, que sólo una actitud exploradora puede ir despertando, abriendo, como una forma de enriquecer la sensibilidad y, por ende, la intensidad de la acción.

La piel mantiene registros de contactos y caricias con las personas que alguna vez nos quisieron, que nos hicieron sentir bien. Si alguien las repite podemos sentirnos amadas nuevamente. También puede suceder al revés: que quien repita los gestos de otro – ese otro privilegiado en el recuerdo – aparezca como un intruso.

A todas nos sucede esto. Cada una de nosotras, inclusive sin saberlo, llevamos una red en la que cada nudo es un punto sensitivo y cuyo diagrama está siempre sin terminar. Encontrar ese recorrido y continuarlo requiere de nuestra disposición a dejar correr la imaginación del otro. También necesita de nuestra atención para atrapar las sensaciones que puedan brindarnos sus gestos y actos.

¿Se localizan en partes específicas los impulsos ardientes que nos desatan algunas personas? Recuerdo y supongo que todas debemos recordar que alguna vez alguien nos provocó una corriente tórrida, quemante e incontenible por todo el cuerpo. Sin poder definir exactamente por qué ni poder localizarlo en alguna parte en especial, todo nuestro ser respiró con otro ritmo y se dejó invadir por una sensualidad arrolladora.

No todos los días se alcanzan esas temperaturas ni todos nuestros compañeros son capaces de volver a encender esos estados. Tampoco se pueden obtener por vías mecanicistas, rutinarias, encuentros sin imaginación y hasta diría desapasionados.

La búsqueda de la sensación perdida puede iniciarse prácticamente por cualquier parte del cuerpo. Pies, párpados, brazos antepiernas, la nuca, el pelo y todo el resto de la superficie corporal están a la espera de ser visitados.

En verdad, todo el guante de piel que nos envasa es nuestro gran órgano sexual y puede servirnos para acceder a estos contactos cercanos con seres queridos. De piel a piel fue el contacto con nuestras madres. Si la piel tiene un lenguaje, este es el de la ternura sensual. Este fue el motivo por el cual generaciones de culturas oscurantistas hicieron de ella un tabú, condenando a la sexualidad a los limites de la genitalidad.

El contacto y la estimulación de la piel es uno de los mayores componentes de la actividad sexual. Ella no sólo siente cuando la tocan: también percibe lenguajes de temperaturas, texturas, tersuras y vibraciones que ofician de disparador para la más variada gama de sensaciones sexuales. Aunque no seamos conscientes de ello, cuando dos cuerpos se entrecruzan, el olor, el tacto, la compatibilidad de nuestras pieles son quienes determinan la atracción o el rechazo más que cualquier otro elemento.

Reconociendo el territorio

La existencia de lugares erógenos en todas las áreas del cuerpo es inagotable. En cada persona obedecen a un recorrido especial y distinto, no determinado por la presencia de tejidos mas sensitivos o por la mayor cantidad de corpúsculos sensibles al tacto, sino muchas veces por los recuerdos guardados en esos lugares. Un hombre abraza a su mujer, comienza lentamente a acariciarle la espalda, los brazos. Es un gesto que en sí puede no ser erótico. A ella le produce ondas de relajación, de abandono, deseos de sentirse mimada, cuidada. No sabe por qué, ni siquiera es preciso que lo sepa. Importa que ella se abrió al afecto y al goce, que la simple mano recorriendo la espalda los llevó a una escena de progresivo erotismo. Sin buscarla especialmente.

No es necesario, por supuesto, investigar la historia secreta de cada parte de nuestro cuerpo. Sí, imprescindible, saber que ninguna fórmula será infalible ni ningún experto podrá enseñarnos las claves. El aprendizaje pasa por el reconocimiento.

Ante tanta y tan sutil variedad de respuestas, acomete el miedo de que algunos territorios sean tan maravillosos como inaccesibles. No es para intranquilizarse: son tan accesibles como inagotables.

Las claves aparecen en las manos, a flor de piel, cuando aceptamos presentarnos verdaderamente desvestidos, desprotegidos, confiados en que nada de cuanto el cuerpo de la otra persona puede practicar sobre el nuestro vulnerara la entrega. Hay zonas del cuerpo que desean ser indagadas y descubiertas y si estamos alertas tendremos indicadores que nos dirán cuáles son.

El desarrollo de la masculinidad: limitaciones frente a la prevención del VIH/SIDA.

limitaciones frente a la prevención del VIH:SIDA

Las autoras exploran los valores y pautas culturales que expresan los adolescentes varones en el Gran Buenos Aries respecto al ser “hombres” y como actual frente a la prevención del VIH/SIDA.

FEIM, desde 1996, lleva a cabo el proyecto de: “Capacitación de adolescentes como educadores de pares en sexualidad y prevención del VIH/SIDA”, a través de talleres principalmente en escuelas secundarias de Capital Federal y Gran Buenos Aires y del desarrollo de proyectos de multiplicación con otros adolescentes por parte de los capacitados. Esta capacitación se realiza a través de talleres de 18 a 24 horas de duración, para alumnos de escuelas secundarias de primer a cuarto año, que voluntariamente desean participar porque aspiran a multiplicar lo aprendido con otros adolescentes y niños. Pre y post taller se aplica un cuestionario anónimo que luego se utiliza para conocer los conocimientos, mitos y prejuicios previos al taller y los cambios posteriores al mismo. También con el objeto de evaluar el impacto de esta capacitación fue prevista la realización de grupos focales, como forma de relevar información cualitativa, en complementación con observación participante, entrevistas semi-estructuradas y cuestionarios anónimos que antes mencionamos.

Divulgamos en este artículo parte del trabajo realizado. Puntualmente, aquellas impresiones y hallazgos relacionado con la masculinidad, a partir de las expresiones vertidas por las/los adolescentes. Nos interesa también comentar qué implicancias tienen las representaciones de lo masculino en las medidas de prevención del VIH/SIDA.

Entre quienes participaron en la capacitación realizada durante 1997 se seleccionaron al azar varones y mujeres que en 1998 cursaban cuarto y quinto año, y tenían entre 16 y 18 años para conformar grupos focales. Los participantes pertenecen a estratos socioeconómicos de clase media baja y clase media pauperizada. Frente al profundo proceso de marginación y exclusión que vive nuestro país son pocos los adolescentes marginales que llegan a terminar el ciclo medio de educación.

Marco sociocultural.

En las últimas décadas se han producido cambios sociales y culturales complejos en torno a la sexualidad. Estos se produjeron en múltiples aspectos:

mayor reconocimiento de los derechos de la mujer y una búsqueda de mayor autonomía
división entre sexualidad y reproducción, con la posibilidad de la anticoncepción moderna que libera a las relaciones sexuales de la asociación con la reproducción y el embarazo.
incorporación a la vida pública y al mercado laboral de las mujeres desde edades tempranas.
cuestionamiento a los roles tradicionales masculinos y femeninos, consecuente reorganización de la vida cotidiana
flexibilización de los roles al interior de la pareja
patrones de identificación menos claros y rígidos que exigen construir la identidad en un mundo complejo generando mayor libertad e incertidumbre.

Muchos de estos cambios principalmente ocurrieron desde y en las mujeres, produciéndose desajustes evidentes que impactan las relaciones de pareja y las uniones estables y afectan a los hombres. Para ellos los cambios producidos no han tenido el mismo impacto que para las mujeres, ya que su posición en la sociedad no ha variado sustancialmente, sin embargo, se ven obligados a redefinir su masculinidad con relación a las transformaciones descriptas.

Analizaremos las vivencias y sentimientos de los adolescentes varones frente a la construcción de su identidad y en relación a distintos hechos sexuales analizados en los grupos focales con los adolescentes varones. Utilizaremos las expresiones textuales de los adolescentes varones o mujeres para ejemplificar.

Iniciación sexual

El proceso de construcción social del varón implica una doble operación: una, dirigida a reducir las diferencias personales potenciales entre los individuos varones y otra aumentando las diferencias que todos los varones tendrían con las mujeres. Uno de los aspectos destacable y ejemplificador en este proceso es la iniciación sexual y las presiones que ejercen sobre ellos el mundo adulto y sus propios pares.

Aunque persiste en el imaginario social la idea que la mujer debe mantener la virginidad, existen matices que se evidenciaron claramente. En cambio sobre los varones el concepto permanece rígido y es más uniforme. Los varones y la sociedad tienen respecto de ellos y la virginidad, un concepto opuesto al que se tiene de las mujeres. Para ellos la virginidad es un castigo, algo de lo cual deben deshacerse lo antes posible para considerarse hombres y ser considerados por sus pares y toda la sociedad “verdaderos varones”.

” Yo pienso que las presiones existen, a los chicos los presionan muchísimo para que dejen de ser vírgenes y a las chicas las presionan muchísimo para que no dejen de ser vírgenes porque la chica seria una atorranta y el otro sería un tonto” (mujer).

Los contenidos de estas presiones tienen su origen en los estereotipos de masculinidad que indican que los varones deben estar siempre dispuestos a mantener una relación coital, que deben ser más experimentados que las mujeres, y por lo tanto, que deben iniciarse sexualmente antes que ellas. Michael Kimmel señala que como adolescente se aprende que los pares son como policías de género que constantemente amenazan con desenmascararlos como afeminados, como poco hombres y es así como las presiones fundamentalmente las ejercen desde lo verbal, a través de comentarios, calificativos estigmatizantes, insultos o burlas que tienen como contenido calificarlos de poco hombres o con atributos relacionados con lo femenino:

“… pero más del hombre, porque si tiene 17 años el pibe, y no debutó es como que es medio raro.” (mujer).

” A veces si, con los varones hay presiones a un varón se lo carga se le dice: ´Vos sos un trolo´” (varón).

A nivel subjetivo, estas expresiones provocan en los varones adolescentes confusión, se sienten inferiores que sus otros pares si no se inician sexualmente, otros, sienten miedo a ser percibidos como poco varoniles, esto los lleva a exagerar sus respuestas en base a las reglas tradicionales de la masculinidad:

” Yo opino que sí a los 13 años no debutas sos un b….”. (varón)

” Yo tengo un amigo que es más grande que yo que es virgen y que no sabía que hacer, se sentía como un b…..” (varón)

Kimmel describe la homofobia como el miedo a que otros hombres lo desenmascaren, los revelen a ellos mismos y al resto sin alcanzar los niveles de virilidad, “no son verdaderos hombres” y a través de este término se refieren a algunas conductas propia de los varones, que muchas veces ni ellos mismos pueden explicar cuáles son. Los varones adolescentes tienen temor a que otros hombres perciban el miedo que sienten, eso les hace sentir vergüenza y esa vergüenza los lleva al silencio. Por esto es muy probable que actúen y se comporten de una forma cuando están solos, y cuando están con otros varones lo hagan en forma totalmente opuesta.

“Me parece que vos estás con una mina y sos distinto y estás con un amigo y.. por ejemplo yo, tengo un grupo de amigos, cuando estoy con ellos soy una cosa y cuando estoy con otra persona o solo, soy otro, yo soy totalmente diferente… (varón)

Iniciación con trabajadoras sexuales

Si bien en la guía de preguntas para los grupos focales no se hacía referencia directa a la iniciación sexual con trabajadoras sexuales, este tema surgió espontáneamente al hablar de la iniciación sexual. Lo relevado en los grupos focales coincide con el análisis de los cuestionarios pre y post talleres administrados a los adolescentes, los cuales, en algunos casos, arrojaron un porcentaje relativamente alto de adolescentes varones que se inician con trabajadoras sexuales. Según los comentarios, varios adolescentes varones se inician sexualmente con trabajadoras sexuales, con la diferencia que, ahora no son sus padres quienes los llevan sino sus amigos o “por elección propia”:

“¼ que quieren estar enamorados pero no les da la situación, mi amigo, por ejemplo, fueron todos sus amigos a donde están esas minas, así que, no le quedo otra que decir sí voy y es el día de hoy que dice: ´Yo me arrepiento´ … pero la situación se dió así, y si no empieza así los amigos se burlan de él.” (Mujer)

” Yo la mayoría de los compañeros que tengo pagaron la primera vez, no lo hicieron con una chica.” (mujer)

“Cuando se dice: “Ah, si esos trolo porque no la p….” o tu viejo te dice: “Dale yo a tu edad ya lo había hecho.” ” Vamos, vamos que te llevo.” (varón)

“Muchas veces hay presiones de los amigos, te insisten: “y, ¿para cuándo? ¿para cuándo?” -¿Querés que te paguemos a vos?(varón)

-“Si yo no tengo ganas o no quiero es problema mío” (varón)

Esta práctica encuentra su razón de ser en los modelos tradicionales que contienen un doble código moral para la sexualidad femenina y masculina, que se vuelve más evidente en la adolescencia, durante la cual se favorece la iniciación temprana en los varones y se cuida la virginidad en las chicas. A pesar de los cambios sociales, observamos que los varones adolescentes de sectores medios bajos viven presiones basadas en los modelos masculinos más tradicionales. La necesidad de recurrir a una trabajadora sexual se refuerza con la idea de que el hombre debe ser más experimentado, saber cómo es y qué hacer en una relación sexual y estar siempre listo. Como dijimos antes, esto es igual a lo que les ocurría a sus padres y abuelos. Sólo que ahora los que más presionan son sus amigos o países.

¿Qué temores experimentan los adolescentes?

Los miedos de los varones tienen que ver con su actuación en la relación sexual: temor “a lo desconocido”, “a quedar mal”, “a la no-erección”. Sin duda, uno de los costos que les toca pagar a los varones para el logro del poder asociado a la masculinidad es la supresión de un espectro de emociones, necesidad y sentimientos, que como se comprueba aquí no desaparecen sino que se callan; se reprimen:

-“No, el hombre no lo muestra.” (el miedo)

-“No, porque el hombre se tiene que sentir hombre.”

-“El hombre no puede, por más que lo tenga no lo va a decir, se va a quedar callado.”

-No puede decirle a la mina: “Tengo miedo”, ni un comentario” (Varones)

El miedo descripto está en relación a no poder cumplir con el mandato social que el modelo patriarcal impone a los hombres, el poder hegemónico asociado con la masculinidad implica control sexual sobre las mujeres, siempre buen desempeño, ser los que ordenan, inician y “guían” a la mujer en la relación sexual:

“Te da miedo cuando, por ejemplo, si la mina ya es experimentada y vos sos un pequeño, un novato y te pase algo va a creer que no podés.” (varón)

Algunos adolescentes varones reconocen el carácter de mandato social que inspira sus formas de actuar:

“No le vas a decir no porque tengo miedo que no se me pare, no le vas a decir no porque a lo mejor no lo hago bien.” (varón)¨

Es interesante señalar que los adolescentes varones cuando se refieren a sus miedos lo hacen en forma genérica, a diferencia las mujeres que utilizan la primera persona del singular, ellas dicen “Yo tengo miedo…” sin reparo en comunicar que es ella quién tiene miedo, en cambio los varones mantienen una relación impersonal con la situación. La distancia que establecen los varones entre su persona y el enunciado es coherente con el contenido de su discurso, puesto que si los hombres no pueden expresar sus miedos, y ellos son hombres, les es muy difícil decir: “yo tengo tal o cual miedo”

“Pero eso depende cuando yo tuve la primera vez, siempre vas a tener miedo” (varón).

Análisis de las Implicancias sobre la prevención

Los mandatos y exigencias en la masculinidad hegemónica condicionan muchas veces la adopción o no de medidas de prevención. En el lenguaje coloquial de los adolescentes, la palabra ‘cuidarse’ se refiere siempre al uso de métodos anticonceptivos, ya sea para evitar un embarazo o para prevenir el VIH/SIDA. Hay factores que interfieren en la decisión de cuidarse, según nuestra experiencia:

En el intento por suprimir sus emociones –especialmente sus miedos- pierden una amplia gama de necesidades y capacidades humanas, entre ellas la necesidad y capacidad de cuidar y nutrir. Los varones pierden así la capacidad de cuidarse ellos y cuidar a su compañera sexual.

El varón en pos de sostener el ideal de hombre, debe ser arriesgado y exponerse al peligro, si no lo hace está poniendo en juego frente a los demás su virilidad, esto le impide cuidarse.

Con respecto al preservativo, investigamos y surgieron otros aspectos del ideal de masculinidad que coadyuvan al no uso habitual del mismo:

Se den o no las condiciones para la prevención, se haya previsto o no el uso del preservativo, los varones nunca pueden negarse a tener relaciones sexuales si se presenta la posibilidad, ellos no pueden dejarla pasar. Algunos autores han dado en llamar a este aspecto el “scoutismo” sexual, porque por ser varones siempre tienen que estar listos, porque esto es opuesto a una de sus principales características de su virilidad.

” Hay que ver también si te lo aguantás, estás con la mina, estás a punto, no tenés forro, lo que sea, ¿te la vas a perder?

-“Si, le vas a decir “no”, pará.”

-“En el momento se te nubló todo, vos querés ir para adelante y listo.”

-“Claro, no vas a pensar en nada, mirá si cuando volvés, no quiere” (Varones)

El preservativo no sólo es percibido como un obstáculo físico frente al placer elemental y plenamente genital de los adolescentes varones, sino que se presenta, también, como un obstáculo práctico a resolver en medio de los temores y nerviosismos que implica la exigencia de un “buen desempeño” por su condición de hombre en la relación sexual.

Esta situación se ve agravada porque como los varones deben callar sus miedos y sus inseguridades para mostrarse viriles, del preservativo no pueden hablar porque les agrega mayor temor e inseguridad y aumenta las posibilidades de no estar o actuar de la forma y al nivel que se espera de ellos o de no hacerlo bien.

Cabe destacar que estas representaciones no sólo actúan como exigencias para los varones, sino que también condiciona a las mujeres a partir de ellas, que incorporan el rechazo al preservativo por motivos que los varones esgrimen.

Además, de los “verdaderos hombres” se espera que experimenten riesgos, en este caso se trata principalmente del riesgo del embarazo, porque el VIH/SIDA se percibe como lejano. El riesgo del embarazo es vivido en forma contradictoria porque en el mandato social “embarazar” es prueba cabal de masculinidad, por lo tanto le temen pero les agrada pensar que se comprobará y demostrará cabalmente su virilidad. Esta ambivalencia es uno de los problemas que más afecta a estos varones adolescentes, especialmente en las relaciones con sus amigas, novias y/o amigovias.

Estos hallazgos nos exigen, entonces, programar intervenciones preventivas que específicamente permitan trabajar estas limitaciones que la percepción de la masculinidad les impone a los varones en el desarrollo de su identidad y que luego les impactará en toda su vida adulta. No reconocer estas limitaciones, hablar de los adolescentes sin diferenciar a varones de mujeres, no actuar sobre la transmisiones culturales que signan las conductas sexuales actuales y futuras, es no asumir la responsabilidad que como padres, docentes, profesionales o ciudadanos tenemos con las nuevas generaciones.

Bibliografía

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